Eva y Diego, docentes: Amor y proyectos

Diego Sobrino López, español, vive en la provincia de Segovia (Castilla y León), tiene 29 años, es Profesor de Geografía e Historia en Secundaria. Su blog “Ciencias Sociales 2º ESO On line” resultó ganador del Premio Pedablogía al Mejor Blog Educativo 2009, otorgado por el Prof. Benedicto González Vargas (Chile). Su novia, Eva María de Diego Lázaro, es Educadora Social y Psicopedagoga. Juntos han comenzado un nuevo proyecto titulado “Animación de Ocio y Tiempo Libre”.
Actualmente, ambos están preparando las oposiciones, con vistas al mes de junio.

-Diego, ¿cuál es tu experiencia laboral como profesor?

Soy profesor desde el año 2006, en que me presenté por primera vez a las oposiciones de Secundaria. Desde entonces, he trabajado en diferentes centros de Castilla y León con alumnos de entre 13 y 19 años, implantando un proyecto de blogs educativos para Geografía e Historia. Desde el curso pasado, coordino el Premio de Investigación Histórica “Emilio de Diego”, destinado a alumnos de Secundaria y Bachillerato de varios centros de la provincia de Segovia.
Si tuviera que caracterizar mi experiencia, diría que hasta ahora ha sido francamente enriquecedora.

-¿Cómo describirías las condiciones laborales en los distintos establecimientos educativos en que has trabajado?

Desde luego, mi visión es la de alguien que únicamente ha trabajado en ocho centros, y por lo tanto limitada a la hora de analizar la gran cantidad de condiciones que pueden ofrecer los centros educativos de Castilla y León (y no digamos ya de toda España).
Tal vez un ejercicio interesante sería pensar en cómo eran los centros educativos cuando nosotros fuimos alumnos, para poder valorar su desarrollo en ese tiempo: en este sentido, mi percepción general es desigual, ya que aunque asistimos a un paulatino proceso de tecnologización de las aulas (que aun siendo lento, comienza a dar sus frutos), ciertos problemas parecen haberse enquistado: falta de instalaciones, legislación educativa de corta duración, politización de la educación, lentitud de la administración, atribución de competencias extraacadémicas al profesorado, etc.
Con todo, independientemente de la dotación tecnológica o de las instalaciones, los buenos centros se construyen con buenos profesionales. En este sentido, he encontrado a excelentes profesores en centros escasamente dotados, frente a profesores que trabajando en centros muy avanzados, no aprovechan los recursos que se les ofrecen. Seguramente uno de los principales retos de la escuela del siglo XXI, sea la formación de un profesorado que no sea ajeno a su contexto: sólo de esa manera los alumnos podrán percibir la utilidad de sus aprendizajes.

-¿Cómo es el sistema de acceso a la docencia en España?

Para poder acceder a la docencia pública, y formar parte del Cuerpo de Profesores de Secundaria, es necesario realizar una oposición, es decir, un proceso selectivo en el que se oferta un número determinado de plazas. En Castilla y León se convocan cada dos años, y constan de dos fases: oposición y concurso.

– Oposición: que consta de varias pruebas teórico – prácticas (redacción de un tema, realización de prácticas y presentación de una programación junto con una unidad didáctica).
– Concurso: aquellos opositores que superen la fase de oposición, acceden a la fase de concurso, en la cual se bareman sus méritos docentes (experiencia, publicaciones, formación, etc.). La nota final de la oposición es la media de las notas de la oposición y el concurso (60%-40%)

Una vez asignadas las plazas ofertadas, se constituyen listas de profesores interinos para aquellos casos en los que el titular no pueda desempeñar su trabajo, o se oferten vacantes con posterioridad al proceso selectivo.

-Tu novia Eva María de Diego Lázaro ¿es también docente?

Hasta ahora, Eva ha trabajado en la educación no formal, en la cual atesora una gran experiencia. Así, posee un gran bagaje como educadora social (trabajo con colectivos desfavorecidos, menores, etc.), es formadora de monitores e imparte cursos de diferentes disciplinas. Actualmente prepara oposiciones para el Cuerpo de Profesores de Formación Profesional, especialidad Servicios a la Comunidad.
Pero más allá de su perfil profesional, su perfil humano hace que sea una persona muy sensible a los problemas de los demás: sólo así se puede entender su dedicación.

-¿Cómo se conocieron Eva y tú?

Nos conocemos desde el colegio, en que íbamos a la misma clase (risas). Lo cierto es nuestra relación comenzó más tarde, en el IES Cauca Romana (el mismo centro en el que trabajé durante el curso pasado), cuando no éramos más que unos adolescentes. Tras un intermedio de cinco años, la vida nos volvió a unir y desde aquello han transcurrido siete maravillosos años.

-Además del amor, ¿cuáles son los proyectos que ambos comparten?

Además de compartir muchas aficiones (arqueología, naturaleza, etc.), recientemente hemos creado entre los dos un blog destinado a estudiantes y docentes del Ciclo Formativo de Grado Superior de Animación Sociocultural, titulado “Animación de Ocio y Tiempo Libre”, en el que realizamos una recopilación de recursos tales como libros, dinámicas, noticias, etc. Una de las secciones que preparamos con más cariño es la Entrevista del Mes, donde entrevistaremos a profesionales vinculados al ocio y tiempo libre, con el fin de obtener una visión poliédrica de una disciplina en constante transformación.

-Y, para concluir ¿quieres comentarnos algo más?

Pensando, pensando…, seguramente, tanto en la educación como en el amor, la constancia y la dedicación sean las herramientas esenciales.

El Buen Amor

Todos, con buena fe, con sinceridad, con tozudez o con resignación, insisten en creer en el amor o terminan por descreer de él. Pero ¿qué es el amor?Desde que existe la especie humana, poetas, filósofos, psicólogos, bioquímicos, teólogos, pensadores de diferentes orígenes y orientaciones y opinólogos de ocasión han intentado capturar en una definición a esa categoría que, finalmente, se revela inapresable. Cualquiera de esas definiciones es el amor, y ninguna lo es.
Me he preguntado y me pregunto qué es el amor. He ido acercándome lenta y progresivamente a algunas conclusiones que me gustaría compartir aquí:

1. Toda corriente, sensación, energía, sentimiento, emoción, vivencia, experiencia o impulso que reciba el nombre de amor necesita de la existencia de por lo menos dos seres para manifestarse.

2. Esa manifestación es la energía por la cual una persona hace por otra algo que a ésta le hace bien. La persona que recibe ese bien, en forma natural hace cosas que al otro le generan bienestar. En esa interacción se genera un círculo fecundo de cuidado, de atención, de respeto, de sanación en el que ninguna de las dos partes se apega al resultado de sus acciones. Éstas nacen del desapego y lo que generan se llama amor.

3. Cuando las acciones que se hacen por el otro esperan un resultado, una devolución, una equivalencia; o cuando lastiman, descalifican, desmerecen, someten o postergan, no merecen llamarse amor, aunque se invoque ese nombre. Son, en todo caso, manifestaciones de un “mal amor” (así, con minúscula y entre comillas).

El olvido de estas cuestiones provoca mucho daño y confusión. Así, hay personas que se precian de su gran “capacidad de amar”, pero jamás establecen un vínculo real con el otro. U otras que van por el mundo exhibiendo sus heridas, pérdidas, desengaños y penitencias amorosas como si fueran medallas.

Lo peor es que, a fuerza de persistir en esta ignorancia afectiva, se han creado ciertas leyendas y creencias glamorosas según las cuales pareciera que sufrir por amor es amar “más”, o “mejor”, o más “profundamente”. Se ha llegado a instalar una peligrosa confusión y de acuerdo con ella pareciera que quien no ha sufrido no ha amado.

Lo único cierto es que quien tanto sufre o ha sufrido en sus vínculos amó mal, fue mal amado, o sencillamente, no ha accedido a la experiencia siempre nutricia y reparadora, siempre luminosa y orientadora del amor.
Por cierto, esto no se debe a que nos guste amar de ese modo. En realidad es el modelo que aprendimos, el que nos transmitieron, el que nuestra cultura nos ha propuesto como patrón. Sin embargo, nos debemos y nos merecemos otro paradigma amoroso. Nos debemos y nos merecemos una reeducación afectiva que nos saque de esta precariedad y de este analfabetismo emocional. Nos debemos y nos merecemos ese aprendizaje.

Nos hemos dañado, acaso hemos dañado a otros, encandilados por modelos de vinculación afectiva precarios que nos prometían el Gran Amor de Nuestra Vida, como en las películas, como en las novelas, como en los cuentos de hadas. Un Gran Amor que llene el vacío de nuestras vidas sin amor, que nos arranque de la experiencia real y nos deposite en otra dimensión.

No obstante, lo que de veras nos debemos es Buen Amor, real, que transcurra en nuestras vidas cotidianas, en nuestros escenarios habituales, en nuestras vigilias regulares.

Sergio Sinay. Las condiciones del buen amor: Un camino hacia los encuentros posibles. Editorial de Nuevo Extremo. Buenos Aires. 2006

Infancias y adolescencias

Silvia Serra, es profesora en Ciencias de la Educación y Magister en Ciencias Sociales. (Centro de Estudios en Pedagogía Crítica, Rosario). Extraemos un fragmento del texto: Infancias y Adolescencias: La pregunta por la educación en los límites del discurso pedagógico.
 

 

 

 

 

Un plural donde había un singular
El tiempo de los niños, el de los adolescentes, sus causas, intereses, capacidades, padeceres, ha estado presente a lo largo del pensamiento pedagógico desde hace ya unos siglos. Y esta preocupación por ellos ha configurado una y otra vez el hacer de los maestros y educadores, de las intervenciones políticas y sociales sobre estos “cuerpos”. La pedagogía se ha hecho cargo de esta preocupación justamente en esos términos: ocuparse de ellos previamente, trazando el curso de su acción desde un reconocimiento previo, desde unas concepciones que enmarcan un trabajo con el cuerpo de la infancia y de la adolescencia, tanto desde un deseo o sueño sobre su futuro, como desde unos saberes y disciplinas, que a veces no prefiguran futuro sino destinos.

El plural estaba ya presente en esta operación: la pedagogía se enfrentó en su desarrollo con infantes ricos y pobres, con jóvenes en “espera” y con jóvenes trabajadores, con masas de población sobre las que tenía que intervenir para habilitar a participar en las decisiones del conjunto y con grupos que por cuna tenían la “participación” asegurada. La tarea que allí se desplegó se apoyó básicamente sobre la escuela pública, entendiéndola como crisol, aunque también admitió, en el nivel medio, escuelas técnicas, de oficio y humanistas, por ejemplo; aun así, en cada una de ellas el objetivo era común.

Me animaría a decir que el plural históricamente estuvo en el origen, en el punto de partida. Donde no había un plural sino un singular, era en el final del camino. La operación pedagógica, alentada y sostenida por la promesa o ficción de igualdad, funcionó estableciendo previamente un punto de llegada, que en nuestro campo suele llamarse fines de la educación.

Ese singular constituyó la/s respuesta/s necesarias a las preguntas: ¿hacia dónde educamos?, ¿a quién? ¿Qué hombre queremos educar? ¿Sobre qué modelo se ordena nuestra educación? ¿Sobre qué ideales, valores, aspiraciones? Insisto: las respuestas podían ser más de una, pero en nombre de una se ejercía la operación pedagógica, por lo que en ese plural que se esbozaba allí los singulares peleaban por convertirse en la respuesta.

Veamos, por ejemplo, los fines de la educación presentes en el artículo 6 de nuestra Ley Federal de Educación.

“El sistema educativo posibilitará la formación integral del hombre y la mujer, con vocación nacional, proyección regional y continental y visión universal, que se realicen como personas en las dimensiones cultural, social, estética, ética y religiosa, acorde con sus capacidades, guiados por los valores de vida, libertad, bien, verdad, paz, solidaridad, tolerancia, igualdad y justicia. Capaces de elaborar, por decisión existencial, su propio proyecto de vida. Ciudadanos responsables, protagonistas críticos, creadores y transformadores de la sociedad a través del amor, el conocimiento y el trabajo. Defensores de las instituciones democráticas y del medio ambiente.”

Un hombre y una mujer sobre los que la operación político pedagógica despliega aspiraciones desmesuradas constituyen el marco de la educación para las infancias y adolescencias de nuestro país. Difícil es discutirlo mientras los bellos rasgos que propone permanezcan allí, agrupados. Pero difícil es acordar qué entendemos por vocación nacional, o por igualdad y justicia, cuando trabajamos sobre las acciones que se ponen en juego para concretarlas.

Los avatares del pensamiento hacen que ese desmesurado “singular” que este ejemplo pone en juego sea hoy sospechado. Dos argumentos voy a presentar sobre esta sospecha. El primero tiene que ver, justamente, con su desmesura, con el “tufo” de plenitud y felicidad que exuda. Sabemos que la educación no lo puede todo, y nuestro mundo contemporáneo es el mejor ejemplo. Sabemos que algo del orden de la imposibilidad se juega en toda relación pedagógica, y decimos: bienvenido sea.

El otro argumento tiene que ver con que este tipo de respuestas no deja emerger un sujeto con marcas, culturas, realidades, formas de vivir y habitar este suelo que pueden no estar acordes con él. Me refiero aquí a la operación que venimos desplegando en el interior de la pedagogía, por la cual admitimos la contingencia y precariedad de las identidades, de las formas de entender la infancia o la adolescencia. Me refiero a la habilitación que hacemos a poner en duda ese singular, y a admitir distintos modos de habitar la infancia, con diferencias que no tengan jerarquías sino múltiples posibilidades. Tiene que ver con que la pluralidad del inicio necesita ocupar la singularidad del fin.

Admitir la existencia de infancias y adolescencias es más que el reconocimiento de la compleja realidad social, de que distintos grupos de chicos y jóvenes constituyen su experiencia desde modos hasta opuestos (pienso aquí en las infancias hiperrealizadas y desrealizadas que describe Narodowski, pienso en las jóvenes madres sustento de su hogar y las muchachas de la misma edad para las cuales la maternidad y el autosostenimiento económico es sólo un proyecto de un lejano futuro). Es reconocer que el futuro no tiene un solo camino, un solo modo de ser mujer, hombre, ciudadano, profesional, obrero. Es interrumpir la unidireccionalidad de todo proceso pedagógico en cuanto único arquitecto de modos de habitar una cultura.

Notas:
Sobre la desmesura pedagógica, el trabajo de Estanislao Antelo marca un recorrido (Antelo, E. La pedagogía y la época (mimeo), 2001.
Narodowski, Mariano. Después de clase. Desencantos y desafíos de la escuela actual, Buenos Aires, Edic. Novedades Educativas, 1999

Referencia:
Infancias y Adolescencias: La pregunta por la educación en los límites del discurso pedagógico, de Silvia Serra.
En: Infancias y adolescencias. Teorías y experiencias en el borde. La educación discute la noción de destino, de Graciela Frigerio y Gabriela Diker (comps.) Buenos Aires, Novedades Educativas, 2003

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