Infancias y adolescencias

Silvia Serra, es profesora en Ciencias de la Educación y Magister en Ciencias Sociales. (Centro de Estudios en Pedagogía Crítica, Rosario). Extraemos un fragmento del texto: Infancias y Adolescencias: La pregunta por la educación en los límites del discurso pedagógico.
 

 

 

 

 

Un plural donde había un singular
El tiempo de los niños, el de los adolescentes, sus causas, intereses, capacidades, padeceres, ha estado presente a lo largo del pensamiento pedagógico desde hace ya unos siglos. Y esta preocupación por ellos ha configurado una y otra vez el hacer de los maestros y educadores, de las intervenciones políticas y sociales sobre estos “cuerpos”. La pedagogía se ha hecho cargo de esta preocupación justamente en esos términos: ocuparse de ellos previamente, trazando el curso de su acción desde un reconocimiento previo, desde unas concepciones que enmarcan un trabajo con el cuerpo de la infancia y de la adolescencia, tanto desde un deseo o sueño sobre su futuro, como desde unos saberes y disciplinas, que a veces no prefiguran futuro sino destinos.

El plural estaba ya presente en esta operación: la pedagogía se enfrentó en su desarrollo con infantes ricos y pobres, con jóvenes en “espera” y con jóvenes trabajadores, con masas de población sobre las que tenía que intervenir para habilitar a participar en las decisiones del conjunto y con grupos que por cuna tenían la “participación” asegurada. La tarea que allí se desplegó se apoyó básicamente sobre la escuela pública, entendiéndola como crisol, aunque también admitió, en el nivel medio, escuelas técnicas, de oficio y humanistas, por ejemplo; aun así, en cada una de ellas el objetivo era común.

Me animaría a decir que el plural históricamente estuvo en el origen, en el punto de partida. Donde no había un plural sino un singular, era en el final del camino. La operación pedagógica, alentada y sostenida por la promesa o ficción de igualdad, funcionó estableciendo previamente un punto de llegada, que en nuestro campo suele llamarse fines de la educación.

Ese singular constituyó la/s respuesta/s necesarias a las preguntas: ¿hacia dónde educamos?, ¿a quién? ¿Qué hombre queremos educar? ¿Sobre qué modelo se ordena nuestra educación? ¿Sobre qué ideales, valores, aspiraciones? Insisto: las respuestas podían ser más de una, pero en nombre de una se ejercía la operación pedagógica, por lo que en ese plural que se esbozaba allí los singulares peleaban por convertirse en la respuesta.

Veamos, por ejemplo, los fines de la educación presentes en el artículo 6 de nuestra Ley Federal de Educación.

“El sistema educativo posibilitará la formación integral del hombre y la mujer, con vocación nacional, proyección regional y continental y visión universal, que se realicen como personas en las dimensiones cultural, social, estética, ética y religiosa, acorde con sus capacidades, guiados por los valores de vida, libertad, bien, verdad, paz, solidaridad, tolerancia, igualdad y justicia. Capaces de elaborar, por decisión existencial, su propio proyecto de vida. Ciudadanos responsables, protagonistas críticos, creadores y transformadores de la sociedad a través del amor, el conocimiento y el trabajo. Defensores de las instituciones democráticas y del medio ambiente.”

Un hombre y una mujer sobre los que la operación político pedagógica despliega aspiraciones desmesuradas constituyen el marco de la educación para las infancias y adolescencias de nuestro país. Difícil es discutirlo mientras los bellos rasgos que propone permanezcan allí, agrupados. Pero difícil es acordar qué entendemos por vocación nacional, o por igualdad y justicia, cuando trabajamos sobre las acciones que se ponen en juego para concretarlas.

Los avatares del pensamiento hacen que ese desmesurado “singular” que este ejemplo pone en juego sea hoy sospechado. Dos argumentos voy a presentar sobre esta sospecha. El primero tiene que ver, justamente, con su desmesura, con el “tufo” de plenitud y felicidad que exuda. Sabemos que la educación no lo puede todo, y nuestro mundo contemporáneo es el mejor ejemplo. Sabemos que algo del orden de la imposibilidad se juega en toda relación pedagógica, y decimos: bienvenido sea.

El otro argumento tiene que ver con que este tipo de respuestas no deja emerger un sujeto con marcas, culturas, realidades, formas de vivir y habitar este suelo que pueden no estar acordes con él. Me refiero aquí a la operación que venimos desplegando en el interior de la pedagogía, por la cual admitimos la contingencia y precariedad de las identidades, de las formas de entender la infancia o la adolescencia. Me refiero a la habilitación que hacemos a poner en duda ese singular, y a admitir distintos modos de habitar la infancia, con diferencias que no tengan jerarquías sino múltiples posibilidades. Tiene que ver con que la pluralidad del inicio necesita ocupar la singularidad del fin.

Admitir la existencia de infancias y adolescencias es más que el reconocimiento de la compleja realidad social, de que distintos grupos de chicos y jóvenes constituyen su experiencia desde modos hasta opuestos (pienso aquí en las infancias hiperrealizadas y desrealizadas que describe Narodowski, pienso en las jóvenes madres sustento de su hogar y las muchachas de la misma edad para las cuales la maternidad y el autosostenimiento económico es sólo un proyecto de un lejano futuro). Es reconocer que el futuro no tiene un solo camino, un solo modo de ser mujer, hombre, ciudadano, profesional, obrero. Es interrumpir la unidireccionalidad de todo proceso pedagógico en cuanto único arquitecto de modos de habitar una cultura.

Notas:
Sobre la desmesura pedagógica, el trabajo de Estanislao Antelo marca un recorrido (Antelo, E. La pedagogía y la época (mimeo), 2001.
Narodowski, Mariano. Después de clase. Desencantos y desafíos de la escuela actual, Buenos Aires, Edic. Novedades Educativas, 1999

Referencia:
Infancias y Adolescencias: La pregunta por la educación en los límites del discurso pedagógico, de Silvia Serra.
En: Infancias y adolescencias. Teorías y experiencias en el borde. La educación discute la noción de destino, de Graciela Frigerio y Gabriela Diker (comps.) Buenos Aires, Novedades Educativas, 2003

Leer completo: Texto en Scribd
Documento en formato PDF: Silvia Serra. Infancias y adolescencias: la pregunta por la educación en los límites del discurso pedagógico

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