Educación artística

La multiplicidad de lenguajes que existen en el arte y su naturaleza sintetizadora llevan a que la educación artística se constituya en el nexo de posibles actividades de integración.
Consideradas las emoción y la sensibilidad artística como componentes orgánicos del pensamiento, con su posibilidad de reflexión sobre el proceso social, no es posible pensar en la educación artística sin reconocerla como un instrumento válido en ese proceso.
Dentro de esa perspectiva la educación artística debe contribuir a que el alumno perciba la existencia intrínseca del componente estético-artístico de su pensamiento y dirigir esa conciencia en el sentido de una visión artística que reflexione y comprenda la práctica social, instrumentándola de modo de facilitar la expresión de esa visión a través de su propia producción.
El arte en la escuela favorece la revelación del individuo en su plenitud. Al trabajar el pensamiento estético-sensible amplía el universo personal y colectivo de los alumnos.
La vivencia de lenguajes artísticos en el currículum adquiere relevancia en el proceso educativo al favorecer la plena utilización de los recursos expresivos de que dispone el ser humano para procesar la comunicación de su grupo social y conocerse a sí mismo.
Es necesario contar con una práctica pedagógica que familiarice al alumno con los elementos propios de los lenguajes específicos de cada disciplina artística y que también proporcione un ejercicio de observación crítica de la producción.
Se propone que las diversas asignaturas de la educación artística, en la medida de las posibilidades de cada institución, interaccionen para contribuir a que el alumno tenga una visión globalizadora de la dimensión del arte y para que esa visión se extienda a las demás formas del conocimiento.

“Para que la mente crezca necesita contenidos sobre qué reflexionar. Los sentidos como parte de un todo cognitivo, inseparable, aportan ese contenido” 

Rudolf Arnheim, Estética. Buenos Aires. Paidós, 1993

Extraído de: Vega, Roberto (1996). Escuela, teatro y construcción del conocimiento. Aula XXI. Santillana/Argentina

El juego es oportunidad para ser

No siempre el juego implica, como plantea Huizinga, la conciencia de ser de otro modo. El estado de conciencia no siempre se alcanza durante el juego, pero sí se experimenta la vivencia, aunque sea parcial, de ser de un modo diferente que en la vida cotidiana.

He observado en años de trabajo que esta posibilidad genera dificultades y bloqueos para quienes han perdido su capacidad de jugar. El adulto que ha postergado, recluido en algún lugar o matado a su niño interior se otorga pocos permisos para probar otros “Yoes” en el juego.  Algunas personas no logran destrabar estas dificultades y quedan adheridas a situaciones de juego estereotipadas que sólo convocan a roles conocidos.

El juego es, para quienes avanzan en la aventura de jugar, una alternativa de descubrimientos y ensayo de multiplicidad de otros modos de ser que uno no es consciente de que los contiene. Estas posibilidades no sólo enriquecen a la persona en su vida cotidiana. Le otorgan la confianza suficiente para operar en su contexto pues ya ha probado las posibilidades en el juego.

Los niños realizan este proceso en forma natural. El ensayo de ser mamá, papá, peluquera, colectivero, oficinista permite conocer, comprender, elaborar, construir las posibilidades de un rol en diversas situaciones. Colabora en la construcción  de la identidad por procesos de identificación a través de la proyección e introyección. Estos procesos se cortan abruptamente en un momento de la infancia, cada vez en edades más tempranas, empobreciendo la subjetividad.

El juego es oportunidad para ser más plenamente a través del ser de otro modo. Cuantas más oportunidades, más riqueza del yo.

Moreno, Inés. “El juego y los juegos” (2005). Grupo Editorial Lumen. Humanitas.

Imágenes. El juego teatral. Clases del Módulo 6: Expresiones artísticas, del Postítulo Educación Jóvenes y adultos. Paraná (Entre Ríos). Profesores: Gerardo Dayub y Juan Carlos Izaguirre.