Vestigios de un lector humano

Por Mariano Rodrigo Mariani

“De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro.  Los demás son extensiones de su cuerpo.  El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo.  Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación.”

J. L Borges

Un vendaval silencioso y persistente perece estar arrasando al hombre, lo excelso de su humanidad, perdiéndolo entre cosas, entre agitadas y alienantes actividades.

Luego yace solo, en un desierto con hogares patas arribas, en la mudez o entretenido en las efímeras palabras cotidianas, esas que el viento puede asolar cuan hoja seca. Los libros están vacíos para él. Tiznado por la confusión se lo ve correr, escapar de una vacuidad que lo angustia. Así el hombre responde, responde a su irrequitum cor. Evasión, agitación y disimulo.

¿Podrá un libro ayudar a ese hombre? Sí, si se hace lugar para que en él pacientemente se detengan las palabras, si volvemos a escuchar y ver atentos, si nos contenemos y nos escuchamos. Hacer lugar, detenerse, escuchar, observar.

Así un libro no será episódico, ni un ejercicio evanescente, sino un acontecimiento extraordinario que nos hará trascender nuestra finitud, que nos abrirá al dialogo con lo permanente en y de lo humano. Será un acontecimiento, entonces, performativo liberador y como tal configurador de una textura humana albergada en la esperanza.
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