La experiencia de la lectura

 Por Jorge Larrosa

“Quien haya leído La Metamorfosis de Kafka y pueda mirarse impávido al espejo, ese es capaz técnicamente de leer letra impresa, pero es un analfabeto en el único sentido que cuenta”.

G. Steiner. Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Barcelona. Gedisa 1994. p. 26.

Hasta aquí la cita. Naturalmente, podemos sustituir el libro de Kafka por cualquier otro libro. Puesto que la experiencia es una relación, lo importante no es el texto, sino la relación con el texto. Aunque un libro que se ajustase demasiado bien a lo que ya sabemos (leer), a lo que ya podemos (leer) o a lo que ya (queremos) leer, sería un libro inservible desde este punto de vista. Sería un libro demasiado comprensible, demasiado legible.

El texto, que aquí funciona como el acontecimiento, como el eso de “eso que me pasa”, tiene que tener alguna dimensión de exterioridad, de alteridad, de alienación.

El texto tiene que ser otra cosa que lo que ya sé, lo que ya pienso, lo que ya siento, etc. El texto tiene que tener algo de incomprensible para mí, algo de ilegible. De todos modos, lo decisivo, desde el punto de vista de la experiencia, no es cuál sea el libro, sino qué es lo que nos pase con su lectura. Y ahí es donde Steiner es certero.

Un lector que, tras leer el libro, se mira al espejo y no nota nada, no le ha pasado nada, es un lector que no ha hecho ninguna experiencia. Ha comprendido el texto, eso sí. Domina todas las estrategias de comprensión que los lectores tienen que dominar. Seguramente es capaz de responder bien a todas las preguntas que se le hagan sobre el texto. Puede que hasta sacase las mejores calificaciones en un examen sobre Kafka y sobre ese libro de Kafka.

Pero hay un sentido, el único sentido que cuenta según Steiner, en que ese lector es analfabeto. Tal vez ese sentido, el único que cuenta, sea precisamente el de la experiencia.

Ese lector analfabeto es un lector que no se pone en juego a sí mismo en lo que lee, un lector que practica un modo de lectura en el que no hay relación entre el texto y su propia subjetividad.

Es también un lector que sale al encuentro del texto, eso sí, pero que son caminos sólo de ida, caminos sin reflexión, es un lector que no se deja decir nada.

Por último, es un lector que no se transforma. En su lectura no hay subjetividad, ni reflexividad, ni transformación. Aunque comprenda perfectamente lo que lee. O, tal vez, precisamente porque comprende perfectamente lo que lee. Porque es incapaz de otra lectura que no sea la de la comprensión.

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2 comentarios en “La experiencia de la lectura

  1. Silvina,

    estoy de acuerdo con lo que escribís. Siempre insisto con la reflexión sobre el comportamiento propio como lector. A esta altura de la vida se siguen fragmentando los textos en la escuela y se deja de lado un abordaje más complejo. La “actitud lectora”, por así llamarla, se transmite siempre.

    Un abrazo!!!

    Romi

    • Gracias Romi, por la visita al blog, y por tu comentario. Acabo de llegar del Museo Quirós, en Gualeguay (E.Ríos). Laura Vacs presentó su libro Velocidad Crucero. Voy a postear un texto de su libro, que refiere a la relación con los libros. Un abrazo para Vos.
      Silvina

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