Intimista

Piyama de Calle

El auto lleva unos diez minutos estacionado a la sombra de uno de los plátanos que se alzan en la vereda. Tiene una rajadura en el parabrisas que cada día se extiende más: en la parte inferior ya comenzaron a ramificarse otras grietas que forman una especie de telaraña. El conductor baja por fin. Lleva una caja de zapatos bajo el brazo. Espera que pase un taxi que circula por Callao y cruza. Se detiene frente a una casa blanca de dos plantas, con una puerta cancel de hierro negro, y toca el timbre. No espera mucho. Un hombre pálido y sin afeitar lo mira con cierta sorpresa.

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